Una de las ventajas de volver al instituto a los cuarenta es la posibilidad de codearte con veinteañeros.
Sí que es verdad que a veces el salto generacional es un abismo, que no saben de qué hablas cuando hablas de tu música, tus dibujos animados, tus libros y/o escritores, de tus referencias de toda la vida.
Sí que es verdad que a veces te cuentan que sus madres son más jovenes que tú.
Y a veces te vuelven loca con su forma de ser y hacer.
Pero a mí me compensa. Me compensa su sangre joven, la bocanada de aire fresco, la facilidad para reírse y para disfrutar, la capacidad de sorprenderse, de descubrir...
No sé qué voy a hacer cuando acabe este ciclo, dónde voy a encontrar más espíritu veinteañero que vampirizar para no dejarme envejecer de repente...
Porque salir de cañas y no hablar de achaques no tiene precio.
07 febrero, 2013
06 febrero, 2013
Confesiones
Tengo algo que confesar... no me gusta la informática.
¿Y cómo acaba alguien a quien no le gusta la informática haciendo unas prácticas en Dublín?... pues con una serie de casuales peticiones a las que no supe decir que no.
Primero aterricé en el ciclo medio (nocturno, modular), de módulo en módulo (de hecho en tres años hice dos módulos, que uno lo planté porque no me parecía bien el profesor).
La petición correspondiente fue algo como: "Estoy harto de llevar a formatear el ordenador, ¿por qué no te apuntas a un ciclo de informática y así lo haces tú?"
El artífice de la petición, evidentemente, mi marido.
El resultado: no más formateos a tocateja.
El segundo aterrizaje debido a la segunda petición fue en el ciclo superior (diurno, no modular).
La petición correspondiente fue algo como: "Hay muy pocas matrículas para el ciclo superior y tememos que lo quiten, ¿te importaría matricularte?"
La artífice de la petición fue una profe, Carina, mi tutora en aquel primer año del nocturno modular.
El resultado: este blog, entre otras cosas.
No me gusta la informática pero me gusta y necesito tener la cabeza ocupada, aprender cosas, demostrarme que mi cerebro sigue funcionando y respondiendo. Y creo que lo he demostrado.
En algunas ocasiones es bueno no saber decir que no.
¿Y cómo acaba alguien a quien no le gusta la informática haciendo unas prácticas en Dublín?... pues con una serie de casuales peticiones a las que no supe decir que no.
Primero aterricé en el ciclo medio (nocturno, modular), de módulo en módulo (de hecho en tres años hice dos módulos, que uno lo planté porque no me parecía bien el profesor).
La petición correspondiente fue algo como: "Estoy harto de llevar a formatear el ordenador, ¿por qué no te apuntas a un ciclo de informática y así lo haces tú?"
El artífice de la petición, evidentemente, mi marido.
El resultado: no más formateos a tocateja.
El segundo aterrizaje debido a la segunda petición fue en el ciclo superior (diurno, no modular).
La petición correspondiente fue algo como: "Hay muy pocas matrículas para el ciclo superior y tememos que lo quiten, ¿te importaría matricularte?"
La artífice de la petición fue una profe, Carina, mi tutora en aquel primer año del nocturno modular.
El resultado: este blog, entre otras cosas.
No me gusta la informática pero me gusta y necesito tener la cabeza ocupada, aprender cosas, demostrarme que mi cerebro sigue funcionando y respondiendo. Y creo que lo he demostrado.
En algunas ocasiones es bueno no saber decir que no.
05 febrero, 2013
Habemus fechas
Por fin tenemos fechas y billetes de avión. Del 2 de abril al 18 de junio buscadme en Dublín.
¿Qué si estoy nerviosa?, sí. ¿Que si estoy ilusionada?, pues sí. ¿Que si estoy impaciente?, sí. ¿Que si estoy nerviosa?, ¡que sí, carallo, que sí!
Y para entretenerme, un par de cifras: un máximo de 10 kilos de equipaje de mano y una maleta facturada con máximo de 20 kilos... aún me caben unos paquetes de pipas.
¡Ahí voy (aivou), Dublín!
¿Qué si estoy nerviosa?, sí. ¿Que si estoy ilusionada?, pues sí. ¿Que si estoy impaciente?, sí. ¿Que si estoy nerviosa?, ¡que sí, carallo, que sí!
Y para entretenerme, un par de cifras: un máximo de 10 kilos de equipaje de mano y una maleta facturada con máximo de 20 kilos... aún me caben unos paquetes de pipas.
¡Ahí voy (aivou), Dublín!
04 febrero, 2013
Reacciones
Cada vez que le cuento a alguien mi resolución de irme a Dublín recibo, como un chaparrón, su reacción inmediata. Después la gente modula, modera, adorna, reflexiona y elabora su postura, pero la primera reacción no engaña.
En general hay dos grandes grupos:
Está el grupo de los que ven una gran ocasión, algo que no se puede dejar pasar, y que envidian la oportunidad, esos que con una sincera sonrisa te dicen un "¡qué suerte!"
En el otro extremo está el grupo de los que además de pensar que es una locura censuran internamente que "abandones" a tu familia, y su primera pregunta es "¿y que vas a hacer con los niños?", adornada con una mueca de difícil interpretación.
Supongo que yo me sitúo en un grupo intermedio, entre ¡qué suerte! y ¡qué locura!, pero si algo tengo claro es que ahora es cuando tengo la oportunidad y ahora es cuando puedo permitírmelo, confío plenamente en las manos que se van a ocupar de mis hijos.
En general hay dos grandes grupos:
Está el grupo de los que ven una gran ocasión, algo que no se puede dejar pasar, y que envidian la oportunidad, esos que con una sincera sonrisa te dicen un "¡qué suerte!"
En el otro extremo está el grupo de los que además de pensar que es una locura censuran internamente que "abandones" a tu familia, y su primera pregunta es "¿y que vas a hacer con los niños?", adornada con una mueca de difícil interpretación.
Supongo que yo me sitúo en un grupo intermedio, entre ¡qué suerte! y ¡qué locura!, pero si algo tengo claro es que ahora es cuando tengo la oportunidad y ahora es cuando puedo permitírmelo, confío plenamente en las manos que se van a ocupar de mis hijos.
03 febrero, 2013
Cerezas
Aún no sé fechas, fechas concretas, solo sé fechas aproximadas que van cambiando con los rumores.
Cuando empecé a plantearme seriamente la posibilidad de irme a Dublín calculé, basándome en las fechas del año pasado, que me iba a perder dos de los acontecimientos importantes de cada año.
El primero, que aún me reconcome, es el cumpleaños de Sabela. Lo hablé con ella y dijo que no le importaba, si le compraba un regalo (a estas alturas ya ha perfilado más y sabe exactamente lo que le tengo que comprar), pero hoy mismo me ha preguntado si le podía hacer galletas para su cumpleaños... (suspiro).
El segundo acontecimiento, celebérrimo en mi casa y en mi entorno (instituto incluido), es la cosecha de cerezas del cerezo de mí jardín. No os voy a contar mucho de mis cerezas porque todo lo que diga se queda corto, las cerezas son mi fruta favorita y las cerezas de mi cerezo son las mejores que he probado en mi vida, no tengo más que añadir.
El caso es que el baile de fechas cada vez me acerca más a mis queridas cerezas y no se me ocurre mejor momento para volver que en plena cosecha.
Cuando empecé a plantearme seriamente la posibilidad de irme a Dublín calculé, basándome en las fechas del año pasado, que me iba a perder dos de los acontecimientos importantes de cada año.
El primero, que aún me reconcome, es el cumpleaños de Sabela. Lo hablé con ella y dijo que no le importaba, si le compraba un regalo (a estas alturas ya ha perfilado más y sabe exactamente lo que le tengo que comprar), pero hoy mismo me ha preguntado si le podía hacer galletas para su cumpleaños... (suspiro).
El segundo acontecimiento, celebérrimo en mi casa y en mi entorno (instituto incluido), es la cosecha de cerezas del cerezo de mí jardín. No os voy a contar mucho de mis cerezas porque todo lo que diga se queda corto, las cerezas son mi fruta favorita y las cerezas de mi cerezo son las mejores que he probado en mi vida, no tengo más que añadir.
El caso es que el baile de fechas cada vez me acerca más a mis queridas cerezas y no se me ocurre mejor momento para volver que en plena cosecha.
02 febrero, 2013
Como un queso
Mi intención era ponerme como un queso antes de irme a Dublín pero me temo que ya no me da tiempo.
¿Y por qué quería ponerme como un queso?... Yo qué sé, quizás porque me preocupan demasiadas cosas e intento despistarme preocupándome por mi aspecto físico, quizás porque soy consciente de que voy a conocer a un montón de gente y quiero no dar una mala primera impresión, o quizás porque soy tan banal que pienso que pesando cinco o seis kilos menos no se va a notar que tengo veinte años más.
Lo cierto es que mis momentos críticos se caracterizan por sustanciales aumentos o pérdidas de peso y estos días no puedo parar de comer compulsivamente todo lo que pillo por casa.
Bueno, pero que conste que como un queso estoy... uno de bola, tal vez.
¿Y por qué quería ponerme como un queso?... Yo qué sé, quizás porque me preocupan demasiadas cosas e intento despistarme preocupándome por mi aspecto físico, quizás porque soy consciente de que voy a conocer a un montón de gente y quiero no dar una mala primera impresión, o quizás porque soy tan banal que pienso que pesando cinco o seis kilos menos no se va a notar que tengo veinte años más.
Lo cierto es que mis momentos críticos se caracterizan por sustanciales aumentos o pérdidas de peso y estos días no puedo parar de comer compulsivamente todo lo que pillo por casa.
Bueno, pero que conste que como un queso estoy... uno de bola, tal vez.
01 febrero, 2013
Invisibilidad
La invisibilidad es un tema recurrente en mis montañas rusas anímicas.
Siempre me ha angustiado ser invisible, esa horrible sensación de que lo que haces o dices no le importa a nadie, la sensación de no dejar huella, de poder no estar sin que nada cambie.
Me preocupa mi invisibilidad pero me molesta otra invisibilidad, una que las amas y los amos de casa conocemos muy bien, y las no amas de casa y los no amos de casa que además de trabajar ponen una casa en marcha. Es la invisibilidad del trabajo, de esas mil pequeñas cosas que haces en casa al cabo de un día y que no se ven, no se notan y nadie parece apreciar, las mil pequeñas cosas que trazan la fina línea entre el orden/desorden y el caos.
Sería una maldad, además de una mentira, decir que me voy a Dublín para hacer visibles esas pequeñas invisibilidades del día a día. Y no, no es cierto, pero tampoco sería sincera si os dijera que no lo he pensado, que no he pensado que es una oportunidad de que me echen de menos, de que descubran las cosas que no se limpian solas, que no se ordenan solas, que no puedes buscar lo que previamente no compra alguien, que no puedes encontrar lo que no sabes dónde guardas…
Espero que la visibilidad de lo invisible no haga daño a nadie.
Siempre me ha angustiado ser invisible, esa horrible sensación de que lo que haces o dices no le importa a nadie, la sensación de no dejar huella, de poder no estar sin que nada cambie.
Me preocupa mi invisibilidad pero me molesta otra invisibilidad, una que las amas y los amos de casa conocemos muy bien, y las no amas de casa y los no amos de casa que además de trabajar ponen una casa en marcha. Es la invisibilidad del trabajo, de esas mil pequeñas cosas que haces en casa al cabo de un día y que no se ven, no se notan y nadie parece apreciar, las mil pequeñas cosas que trazan la fina línea entre el orden/desorden y el caos.
Sería una maldad, además de una mentira, decir que me voy a Dublín para hacer visibles esas pequeñas invisibilidades del día a día. Y no, no es cierto, pero tampoco sería sincera si os dijera que no lo he pensado, que no he pensado que es una oportunidad de que me echen de menos, de que descubran las cosas que no se limpian solas, que no se ordenan solas, que no puedes buscar lo que previamente no compra alguien, que no puedes encontrar lo que no sabes dónde guardas…
Espero que la visibilidad de lo invisible no haga daño a nadie.
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