En mi lista de previos al viaje estaba seleccionar música para mi mp3.
Nunca llegué a hacerlo, simplemente copié las carpetas que se van acumulando en los mp3 a lo largo de mi vida, sin borrar las canciones que salto una y otra vez porque no me corresponden o porque en algún momento me harté de escucharlas, y sin incluir nada nuevo, sin renovarme.
El verano que cumplí años en Coruña mi regalo de cumpleaños fue un mp3 (tras la muerte sonora del anterior). Con mi inercia característica ninguno acababa de convencerme y al final, desoyendo las voces que me decían que comprara un iPod, me compré uno pequeñito, negro, con una pinza y una funda de silicona, que tenía la peculiaridad de llevar un altavoz integrado y poder escucharse sin cascos.
El verano pasado, camino de Florencia, lo perdí.
Ahora tengo otro que me compró un amigo en eBay, pensando que era como el anterior. Pero no, no era como el anterior, no tiene altavoz, ni pantallita para ver lo que escucho (ni radio, ni grabadora...). Así que cuando lo traje a Dublín pensé que si se moría aquí, o lo perdía, no me iba a importar demasiado.
Ayer le dio un repente y la única forma de resucitarlo, después de darlo por perdido, ha sido formatearlo.
Seleccionar música para mi mp3 ✔
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23 mayo, 2013
19 mayo, 2013
09 abril, 2013
Listas VIII
Primera carta ✔
Tuve que dar muchas vueltas antes de encontrar un papel de cartas con algún dibujito, como los que usaba yo hace muchos años. Supongo que los ordenadores, los guasaps y los correos electrónicos hacen que el papel de cartas se haya convertido en una rara avis.
Me gustaría haber visto la cara de Sabela al abrir el buzón.
Tuve que dar muchas vueltas antes de encontrar un papel de cartas con algún dibujito, como los que usaba yo hace muchos años. Supongo que los ordenadores, los guasaps y los correos electrónicos hacen que el papel de cartas se haya convertido en una rara avis.
Me gustaría haber visto la cara de Sabela al abrir el buzón.
30 marzo, 2013
27 marzo, 2013
15 marzo, 2013
06 marzo, 2013
25 febrero, 2013
Genética II
Creo que se me olvidó una lista entre las listas, la lista de cosas que hacer cuando esté en Dublín.
Hace un montón de años escribí un montón de cartas, cartas a mis amigos, cartas a mi novio, cartas a conocidos y desconocidos, un montón de años de mi vida escribiendo montones de cartas.
Desde hace algunos años Sabela ronda el buzón, pregunta por qué nadie le escribe y ha intentado escribir, cartas y postales, para ser correspondida. Salvo alguna postal anecdótica y alguna carta del banco nunca hay nada en el buzón para Sabela, y me temo que está perdiendo la esperanza, o las ganas, o la ilusión.
Supongo que es mucho suponer suponer que voy a ser capaz de escribirle de forma regular pero entre mis buenos propósitos está conseguir que Sabela viva la ilusión de abrir el buzón y encontrar una carta. Todo el mundo debería tener la oportunidad de vivir esa sensación, aunque quizás las cartas de mamá no sean lo mismo, no sé, habrá que intentarlo.
La genética es caprichosa y a menudo los hijos, más o menos dolorosamente, se nos parecen.
Hace un montón de años escribí un montón de cartas, cartas a mis amigos, cartas a mi novio, cartas a conocidos y desconocidos, un montón de años de mi vida escribiendo montones de cartas.
Desde hace algunos años Sabela ronda el buzón, pregunta por qué nadie le escribe y ha intentado escribir, cartas y postales, para ser correspondida. Salvo alguna postal anecdótica y alguna carta del banco nunca hay nada en el buzón para Sabela, y me temo que está perdiendo la esperanza, o las ganas, o la ilusión.
Supongo que es mucho suponer suponer que voy a ser capaz de escribirle de forma regular pero entre mis buenos propósitos está conseguir que Sabela viva la ilusión de abrir el buzón y encontrar una carta. Todo el mundo debería tener la oportunidad de vivir esa sensación, aunque quizás las cartas de mamá no sean lo mismo, no sé, habrá que intentarlo.
La genética es caprichosa y a menudo los hijos, más o menos dolorosamente, se nos parecen.
24 febrero, 2013
15 febrero, 2013
08 febrero, 2013
31 enero, 2013
Listas
Las listas son pequeños invasores que se apropian de los segundos en blanco de mi cerebro.
Recuerdo una que me acompañó mucho tiempo: “lengua, matemáticas, historia…”, en cuanto me despistaba ahí estaba, saltando una y otra vez.
Según se acerca la hora de la partida (y en dos días se ha acercado más de medio mes) mi cerebro dedica más y más tiempo de su uso al “asunto Dublín”. Una de sus actividades favoritas es lanzar sin previo aviso la lista de lo que tengo que hacer antes de irme a Dublín, y varias de las entradas de esa lista consisten en hacer listas (físicas, no mentales, que si no no llegamos a ninguna parte)
Cosas que tengo que llevar, ropa que quiero llevar, cosas que me gustaría hacer antes de marchar, documentos que tengo que preparar…
Voy a empezar a colgar listas con imanes en la nevera, que puede que necesite el cerebro para algo.
Recuerdo una que me acompañó mucho tiempo: “lengua, matemáticas, historia…”, en cuanto me despistaba ahí estaba, saltando una y otra vez.
Según se acerca la hora de la partida (y en dos días se ha acercado más de medio mes) mi cerebro dedica más y más tiempo de su uso al “asunto Dublín”. Una de sus actividades favoritas es lanzar sin previo aviso la lista de lo que tengo que hacer antes de irme a Dublín, y varias de las entradas de esa lista consisten en hacer listas (físicas, no mentales, que si no no llegamos a ninguna parte)
Cosas que tengo que llevar, ropa que quiero llevar, cosas que me gustaría hacer antes de marchar, documentos que tengo que preparar…
Voy a empezar a colgar listas con imanes en la nevera, que puede que necesite el cerebro para algo.
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